El default de Vicentin afecta brokers que venden soja al mundo

A mediados de agosto, a los productores argentinos, en masa, se les agotó la paciencia. Querían el efectivo que se les debía y lo querían rápido. Días antes, Alberto Fernández había logrado una rotunda victoria primaria que dejaba en claro que ganaría las elecciones presidenciales de octubre, y las especulaciones comenzaban a agitarse respecto a si impondría nuevas retenciones.

Uno tras otro, los productores llamaron a sus intermediarios de granos para fijar los precios de las cargas de soja que ya habían entregado y recaudar las ganancias. Esto desencadenó una salvaje lucha por dinero en efectivo en la comunidad de brokers que bordean el paseo marítimo de Rosario, la ciudad portuaria que ha servido durante mucho tiempo como el centro de comercio de granos para la principal nación productora de harina de soja del mundo.

Parecía, dijeron algunos, un pánico financiero. Y al final, derribó a uno de los mayores distribuidores de Rosario. El 10 de febrero, Vicentin SAIC, una firma de 91 años especializada en la exportación de harina y aceite de soja, se declaró en bancarrota y dijo que no podría cumplir con un pago de US$350 millones adeudado a los proveedores y que trataría de reestructurar una deuda de US$1.000 millones.

¿Se llegará a estatizar la cerealera Vicentin?

Los problemas de Vicentin se han extendido rápidamente a lo largo de la costa y algunos brokers, incluidos BLD SA y Guardati Torti SA, dijeron que no podían cumplir con sus obligaciones. También amenaza con dañar aún más los músculos de la industria de la soja, un motor de la economía argentina. El default es el más grande por parte de una compañía en el país desde 2001, cuando una recesión paralizante provocó que el gobierno declarara una moratoria de la deuda, y presagia siniestramente otra debacle nacional: Fernández ha dejado en claro que pronto solicitará un alivio de la deuda a los acreedores extranjeros.

Rumores en Rosario

Pocos en Rosario estaban dispuestos a hablar públicamente sobre la difícil situación de Vicentin —la comunidad de distribuidores está demasiado unida para permitir conversaciones de ese tipo— pero el sentimiento abrumador fue el deseo de ver a la compañía sobrevivir y pagar sus deudas. “Toda la industria necesita a Vicentin para mantenerse en el negocio”, dijo Mariano Grynblat, un agricultor y corredor que intenta recuperar US$3,2 millones del dinero de sus clientes y el suyo.

También genera confusión la cuestión de cómo la empresa había logrado meterse en tal lío. La respuesta, según una docena de entrevistas con intermediarios de granos, comerciantes, abogados y expertos de la junta de comercio en Rosario, es a través de una enérgica expansión que la empresa aceleró cuando Mauricio Macri, que apoyó a la industria agrícola, ingresó a la Casa Rosadaen 2015. Dejó a la empresa financieramente expuesta cuando el auge se hundió, como siempre suele pasar en Argentina.

Para la nueva gestión, hubo «fraude» en el crédito del Banco Nación a Vicentin

Y gran parte de esa expansión fue posible gracias a un mecanismo financiero exclusivamente argentino: el contrato de precio diferido, como se le llama, que permitió a Vicentin recibir todos esos envíos de soja de los agricultores sin pagar un centavo por adelantado.

Vicentin comenzó con hermanos que operaban un silo de granos en Avellaneda, un pequeño pueblo de inmigrantes italianos en la provincia de Santa Fe. A medida que la industria de los cultivos creció, Vicentin floreció y avanzó hacia el sur por el río Paraná hacia Rosario. Construyó la planta de molienda de soja más grande del mundo hace una década en una empresa conjunta con el gigante suizo de commodities Glencore Plc y se expandió a carne de res, lácteos y vinos con nombres como ‘El Tramposo’ y ‘El Contrabandista’.

Para pagar por esa expansión, la compañía se apoyó tanto en los proveedores, que obtuvieron más tiempo de los contratos con Vicentin que con sus rivales para decidir el precio que se les debía, y en los prestamistas, a quienes se les deben alrededor de US$1.000 millones ahora. Un banco está bajo escrutinio en particular: el estatal Banco Nación. Los préstamos a Vicentin se elevaron entre agosto y diciembre, cuando el banco aún estaba bajo la dirección de los líderes nombrados por el presidente saliente Macri, excediendo los límites del banco y activando una alerta roja, según el nuevo vocero del banco, Sergio Resumil. Una auditoría interna ya está en marcha.

Por separado, un fiscal abrió una investigación preliminar para saber si las leyes fueron violadas en el proceso de préstamo. El banco cooperará con la investigación, dijo Resumil. Vicentin ha defendido su relación con el Banco Nación, diciendo que su endeudamiento era legítimo.

La compañía declinó hacer comentarios específicamente sobre las perspectivas de precios de los contratos. Un directivo de Vicentin que declinó ser citado por su nombre según la política de la compañía dijo que la expansión era preferible al estancamiento y las consecuencias de perder participación de mercado.

Vicentin estaba cómodo hasta el mandato de Macri y fue el mayor contribuyente del sector privado a su fallida campaña de reelección, al otorgar cerca del 10% de todos los aportes privados a través de tres afiliados, según datos del gobierno.

Bajo la presidencia de Macri, el Banco Nación prestó mucho dinero a Vicentin incluso antes del repunte que comenzó en agosto. Pero con Fernández en el poder, el banco está asumiendo una línea mucho más dura. Resumil dijo que el banco está trabajando para recuperar sus préstamos por completo, no para incautar activos, y está considerando conceder más tiempo para el reembolso, hasta 10 años.

Para muchos, la crisis recuerda la caída de otro exportador argentino de cultivos a principios de siglo. Productos Sudamericanos finalmente se hundió, sus activos fueron absorbidos en gran parte por Cargill Inc.

El alcance de Vicentin es mucho más amplio y los actores del mercado en Rosario dicen que hay demasiado en juego para ellos si la compañía colapsa. Con la producción prácticamente detenida mientras Vicentin negocia el pago a los proveedores, la tarea inmediata más difícil será convencer a los agricultores y a los elevadores de granos, donde se almacenan los cultivos, para que sigan comerciando con la empresa mientras Argentina se dirige a su segunda cosecha abundante consecutiva.

Vicentín está presionando a los proveedores para que acepten un acuerdo extrajudicial que ofrece pagar el 20% de la deuda ahora y el resto en cuotas si siguen tratando con la empresa. Esto significaría que los agricultores obtendrán el 60% de su dinero en tres años, según el funcionario de Vicentín. Grynblat, el granjero y corredor cuyos clientes le deben millones a Vicentín, dijo que aceptará ese acuerdo en lugar de arriesgarse a esperar años en el proceso de bancarrota.

Sin embargo, no está claro cómo Vicentín obtendrá el primer pago del 20% para quienes acepten la oferta.

JPA CP

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