«El encierro es una herramienta de composición»

Antonio Birabent es uno de los tantos artistas que han decidido mantenerse activos durante esta cuarentena obligada. Durante varios días ofreció “encuentros vivos” puntualmente a las 20 desde su cuenta de Instagram para tocar algunas canciones de su extenso repertorio (editó su primer disco allá por 1994), charlar con amigos o alguno de sus seguidores y leer textos literarios que selecciona cuidadosamente. Ahora canta canciones, cuenta historias (o las escribe, como aquella con Iggy Pop y la aspiradora) y más. Mientras tanto cocina a fuego lento su próximo álbum solista, El interior del volcán, del que ya hay dos adelantos en Spotify (“Sentir ese dolor” y “Aquella flor”) y ruega para que las cosas se normalicen y entonces llevar a cabo los planes que tiene con Las Lenguas Muertas, la banda que formó con Ariel Minimal (Pez) hace unos meses y que ya tiene publicado en plataformas de streaming un EP de cuatro muy buenas canciones. 

“Obviamente prefiero que vuelva todo a la normalidad, pero mentiría si digo que la estoy pasando mal –advierte el hijo de Moris, una figura clave de la historia del rock argentino–. Para mí el encierro es una herramienta de composición y de trabajo. La diferencia enorme es que no fue una elección, claro. Estamos obligados… En lo personal noto que estoy más sensible que nunca y sumergido en una especie de letargo. Se me pasan los días muy rápido, no me sobra el tiempo para nada. Creo que esta experiencia puede servir, entre otras cosas, para preguntarnos qué es el tiempo. Y ojalá salgamos de esta un poco más sabios. Pero honestamente no tengo mucha esperanza en la raza humana”.

El encuentro con Ariel Minimal se dio de manera fortuita, en la puerta del colegio al que van los hijos de los dos músicos. Hubo un par de charlas, se pasaron música y finalmente terminaron creando la sana rutina de juntarse periódicamente en el departamento de Birabent para ver si componían algunos temas. Así nació Las Lenguas Muertas, banda que completan Marcos Rocca (bajo) y Claudio Leiva (batería). Ya hicieron su primer show en vivo en Strummer, un bar de Palermo, y la idea es tocar todo lo que se pueda, cuando se pueda.

“Siempre es difícil y poco conveniente definir la música –argumenta Birabent a la hora de hablar del estilo del grupo–, pero algunas palabras hay que ponerle… Creo que Las Lenguas Muertas es una banda de energía y rock and roll, de esencia y verdad. Esas dos palabras, esencia y verdad, están en “El salvaje”, una de las canciones que hicimos, y nos pinta de cuerpo entero como grupo”. 

En menos de tres meses Birabent y Minimal tuvieron listas 15 canciones, un repertorio del que Antonio se siente notoriamente orgulloso: “Nos mirábamos con Ariel en la cocina de mi casa, donde laburábamos, y decíamos: ‘¿Esto está tan bien como pensamos?’. Nos entusiasmamos como adolescentes, aunque seamos hombres grandes y curtidos. Casi viejos podríamos decir, incluso (risas)”. 

Ahora la idea es salir a defenderlo en vivo y editar en vinilo el disco debut, que podría tener entre diez y doce temas. “No dejé a un lado la carrera solista –aclara Birabent–. Son dos caminos paralelos. El encuentro con Ariel fue azaroso y muy productivo, pero yo estoy para avanzar con las dos cosas. Lo que hago puede gustar o no, pero lo que yo garantizo es ponerle a todo mente y corazón”. 

Juntos al componer

“Fue muy lindo, más allá de lo artístico, encontrarme con Antonio. Se dio muy pronto un encuentro humano muy cariñoso. Y encontramos una afinidad entre nosotros -–dice Ariel Minimal, socio  fundador de Las Lenguas Muertas junto con Antonio Birabent–. Yo lo conocía hace unos cuantos años. Compartimos una gira por España y nos hicimos medio amigotes, y yo tengo todos sus discos y los fui escuchando a medida que me los fue dando, no es que me puse a escucharlos ahora. Desde que empezamos a laburar hice un acercamiento mucho más minucioso a su obra, pero ya la conocía, no es que descubrí algo, ya sabía que era una gran compositor y cantante, un artista muy clásico de rock”.

El proceso de composición conjunta, cuenta Minimal, funcionó muy aceitadamente de movida. “Surgió muy rápido y muy naturalmente –subraya el líder de Pez–. Yo insistí con buscarle a la banda una impronta medio punk rock, medio new wave… Vos podés tocar la misma canción como si fuera de Bob Dylan o como si fuera de Los Ramones. Bueno, buscamos más cerca de Los Ramones. Claudio Leiva es un batero con mucha data y con mucha historia en la escena punk rock argentina, y Marcos Rocca le sumó mucha solidez porque maneja un vocabulario superextenso con su instrumento, el bajo. En un primer momento habíamos empezado a trabajar con los dos cantando y tocando guitarra, pero después Antonio trajo la idea de probar que sea un trío con él exclusivamente como cantante, hablamos de cantante de micrófono en mano, ¿no?, y la verdad es que quedamos muy contentos con esa formación. Valió la pena perder el back up de una guitarra más para ganar un frontman, algo que a Antonio le sale naturalmente y muy bien”.

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