Los empresarios y su «ataque de pánico» ante los embates del Gobierno

Una serie de causas está llevando a que más de un empresario argentino experimente un ataque de pánico, es decir un súbito temor intenso. La pandemia, que azota las economías de todos los países del mundo, hagan o no cuarentena, incluida la Argentina, con uno de los períodos de confinamiento social más extensos, solo superado por Perú. El anuncio de la expropiación de Vicentin, la séptima empresa que más había facturado en el país en 2018 y que al año siguiente cayó en desgracia. La decisión de Latam Airlines de abandonar los vuelos de cabotaje, donde era la principal competidora de Aerolíneas. La amenaza del mayor fondo de inversión del mundo, BlackRock, y otros acreedores importantes de la Argentina de recurrir a los tribunales ante el default del 22 de mayo.

En general, los hombres de negocios niegan el diagnóstico de panic attack, pero reconocen una grave preocupación. A veces sucede que el enfermo no admite su dolencia. Algunos empresarios alegan que el pánico es un mal que no solo los afecta a ellos sino también a los funcionarios y al resto de los argentinos. En algunas ocasiones, el paciente suele consolarse con que es un mal de muchos. 

Ciertos ejecutivos se intentan convencer de que no pueden tener miedo, pues los inmovilizaría en una coyuntura en que deben actuar. Y están los que sostienen que detrás de todas las causas de su miedo se esconden un nombre y dos apellidos: Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidenta que cada vez influye más en las decisiones de Gobierno y visita una o dos veces por semana a Alberto Fernández en Olivos.

“Alberto Fernández continúa desempeñándose como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, como lo fue hasta la 125”, declaró el ex secretario de Cultura del primer kirchnerismo, José Nun, al diario La Nación y varios empresarios repiten esa frase. “Quien manda es el gran tema –sostiene un asesor de grandes compañías, que también adhiere a la visión de Nun–. Alberto ha demostrado que no tiene intención de dar la pelea por el poder. Es el primer presidente peronista que llega al poder y no caga a su mentor. Hace cosas que no quiere hacer, como expropiar Vicentin, incluso con eventuales consecuencias penales. Un día (por el 3 de junio) reúne a los grandes empresarios de la Argentina para decirles que era un delirio la idea de (la diputada Fernanda) Vallejos de quedarse con acciones de las compañías a las que les subsidia el salario y al día siguiente se reúne con Cristina y deciden expropiar Vicentin, cuando (Matías) Kulfas (ministro de Desarrollo Productivo) y (Omar) Perotti venían hace meses trabajando en una solución al desastre que dejó la familia propietaria. Para los empresarios, es muy difícil saber quién es el interlocutor válido en el Gobierno”.

Pero hay dueños de grandes empresas que tienen identificados a “dos estrategas” en el Ejecutivo. Uno es el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro. El otro, Gustavo Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos. 

En el oficialismo sostienen que fueron Fernández y Kulfas los que terminaron decantándose por la estatización y que recién entonces recibieron el espaldarazo de CFK, pero al día siguiente del anuncio el Presidente ya estaba explorando otras alternativas y ahora aboga por que la intervención estatal se limite al período del concurso preventivo hasta sanear Vicentin, lo que vino en llamarse “solución Perotti”. Pese a la eventual marcha atrás sobre la expropiación, persistirán las dudas empresariales sobre quién manda.

Lo mismo sucede con la partida de Latam. Tanto la compañía chilena como la propia Aerolíneas se encontraron con la negativa de los sindicatos, incluido el de pilotos, que lidera Pablo Biró, a aceptar rebajas salariales ante la inactividad por la pandemia. Latam no se fue de otros países donde también está afectada por el coronavirus.

Y no solo Latam deja el mercado doméstico. Está en duda, el futuro de sus competidoras FlyBondi y Andes, mientras Molino Cañuelas, SanCor o Impsa están bajo stress financiero. Otras multinacionales también evalúan cerrar su filial local, pero, a diferencia de la firma chilena, sumida en un sector paralizado por la pandemia, al menos buscarán venderla a bajo precio. Hay empresarios argentinos interesados, algunos asociados con sindicalistas. En cambio, están los que pierden pero consideran que es mal momento para vender ahora que está todo tan deprimido. Existen quienes quieren comprar pero más adelante porque esperan que la crisis se profundice y abarate aún más los activos.

“Hay compañías que se quieren ir, pero dilatan su partida porque el Estado les paga los sueldos”, cuenta un hombre de negocios que ha salido a la caza de firmas en crisis. ¿Por qué le interesa comprarlas? Pese a su antikirchnerismo, considera que la posibilidad de que la Argentina se convierta en Venezuela es “baja”. “Ellos tiene no tienen nuestra clase media, manejan toda la estructura económica con PDVSA y tienen bajo control a los militares. La Argentina va a reaccionar. Vamos a estar mucho peor, pero en cinco o seis años vamos a estar mejor”, pronostica el comprador. 

También hay empresarios que, sin vender sus compañías, quieren mudarse ellos a Uruguay o Paraguay no solo para pagar menos impuestos sino para alejarse de un país que les cae mal. “Ya tengo las pelotas llenas”, argumenta uno de ellos. Quizás es lo que con premura sintió Marcos Galperin, el empresario más exitoso de la Argentina, apenas regresaron al poder Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Algunos de sus colegas lo felicitan por haberse anticipado a lo que ellos recién ahora comienzan a ver. Claro que al mismo tiempo Mercado Libre prevé ampliar en 1.250 empleados su dotación en la Argentina este año. Tan mal no le va, claro que gracias a la pandemia.

En la ciudad de Buenos Aires, donde, a diferencia del interior, la cuarentena estricta cumple 100 días, ya cerraron en forma definitiva 20.000 comercios y se corre el riesgo de que el número se duplique y alcance al 40% del total, según la Federación de Comercio e Industria porteña (Fecoba). La Cámara Argentina de Comercio advierte de que pueden bajar las persianas 100.000 locales en todo el país en los próximos meses. El 65% de los empresarios hoteleros y tres de cada cuatro gastronómicos prevé la quiebra si continúa el aislamiento, según la Federación Empresaria Holetera Gastronómica de la Argentina (Fehgra). La Unión Industrial Argentina (UIA) relevó que cuatro de cada diez empresas fabricales están en peligro de cerrar en los próximos tres meses. No resultan extrañas las cifras de alarma en un país que entró en la pandemia tras nueve años en estanflación.

En otros países afectados por el coronavirus como Brasil, Chile, España, Italia o EE.UU. también se habla de cierres definitivos de establecimientos. No obstante, en pocos países se prevé una caída económica tan grande como en la Argentina. En un informe del 16 de junio, previo al empeoramiento de la pandemia en nuestro país, la firma FocusEconomics divulgó pronósticos de bancos y consultoras que indicaban que la economía local caería este año promedio 8,8% (los más pesimistas hablaban del 12,5%), más que la eurozona (-8,2%) y Perú (-8,3%) y solo menos que Venezuela (-20,1%). Sin embargo, el FMI pronosticó en su último informe que hay economías que caerán más que el 9,9% que prevé para la Argentina: Francia 12,5%, Italia 12,8%, México 10,5%, España 12,8% y Reino Unido 10,2%. Además hay que tener en cuenta que antes de la pandemia ya se preveía una caída argentina para este año, por lo que se puede afirmar que el impacto de esta en el país resulta menor que en EE. UU., donde se anticipa una baja del PBI del 8%, o Brasil, con un 9,1%.

Personal. “Vamos a tener pérdidas de empleo, pero no estamos solos en esto. La situación sanitaria mundial es delicada”, pone contexto uno de los dueños de las diez principales fortunas de la Argentina. “Pasa en Estados Unidos, pasa en Europa. Preocupa el sostenimiento del empleo, de tu negocio, pero también del Estado, que depende de que paguemos los impuestos”, agrega el empresario, que calcula que en su compañía el teletrabajo le demostró que le sobra un cuarto de los empleados y tampoco requiere tantos metros cuadrados de oficinas. En bancos hablan de que podría prescindir de un tercio del personal. “Ahora no podés echar hasta agosto, pero a futuro o te achicás o usás a los empleados de más para ampliarte en nuevos negocios. Todos nos vamos a transformar, no sobreviviremos como antes”, pronostica el millonario, que prefiere guardar el anonimato. 

Los empresarios se entusiasman cuando oyen a algunos sindicalistas como Facundo Moyano o Armado Cavalieri en favor de una reforma laboral. O a Luis Barrionuevo pidiendo que, en vez de pagar el aguinaldo, las compañías sobrevivan. Pero también les temen a los sindicalistas duros como los del sector aeronáutico o Pablo Moyano.

Otros hombres de negocios están preocupados por la indefinición sobre el plan Precios Máximos, que vence a fin de mes. Las compañías de alimentos piden aumentos de hasta el 25% y retacean la entrega de productos a los supermercados.

Al menos, la mayoría de las compañías celebra que al final el Gobierno haya retrocedido en su intención de acotar el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), de subsidios al salario, de modo tal que seguirá subvencionando a grandes y pymes en todas aquellas zonas donde sigue o vuelve la cuarentena estricta. Eso sí, para el aguinaldo, las firmas deberán recurrir a préstamos al 24%. Sin embargo, habrá compañías que no podrán abonarlo y otras que ni siquiera paguen los salarios y entonces pidan, como Latam, un procedimiento preventivo de crisis (PPC), para adoptar medidas extraordinarias en cuanto a sueldos, suspensiones o ajuste de personal. Varias grandes están planeando presentarse en convocatoria de acreedores apenas termine la cuarentena judicial.

Pero grandes empresarios rescatan como positiva la forma en que el Gobierno ha gestionado el ATP para surfear la coyuntura de las compañías en la pandemia. Y aplauden que haya convocado a patronales y sindicatos a unirse al gabinete económico para definir no solo el ATP sino otras políticas. En contraste, hay grandes empresas del interior en crisis que se quejan de que ni sus gobernadores ni Kulfas las atienden. 

Un asesor de empresas sostiene que en la actualidad los dos temas que más las abruman son la extensión y el costo del aislamiento. Muchos empresarios reclamaron que las ayudas del Estado continuarán, como el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, que prefiere más inflación antes que más recesión. Otros advierten sobre el impacto inflacionario de que el Banco Central siga emitiendo moneda para financiar al Tesoro en su asistencia al sector privado. También están los que abogan por posiciones intermedias. En cuanto a la prolongación del confinamiento, otro consultor apunta: “Al Gobierno no se le cae una idea de cómo hacer convivir la economía con la pandemia”.

Deuda. Pese a la advertencia de BlackRock de ir a juicio, los empresarios argentinos confían en que se llegará a un acuerdo antes de la nueva fecha límite que fijó el ministro de Economía, Martín Guzmán: 24 de julio. Incluso los asesores del megafondo consideran que se arribará a un pacto, pero confían que será Guzmán y no su cliente el que termine cediendo. “Al Gobierno le conviene acordar –opina el millonario antes citado–. Sería una imprudencia sumar un default a toda la crisis que tenemos. También Cristina quiere un acuerdo porque su negocio es el poder, y para ello no puede destruir el aparato productivo argentino”.

Otros coinciden en que habrá un arreglo, pero admiten que la extensa negociación provoca incertidumbre. “Creo que van a acordar, no puedo creer que no lo hagan si la diferencia entre las propuestas es 50 y 55 dólares (por cada 100 adeudados). A ninguna de las partes les conviene el default. Para la Argentina, sería gravísimo porque necesitará cierto grado de financiamiento externo para producir más”, analiza un poderoso ejecutivo. Eso sí, teme que la disputa se convierta en un conejillo de Indias en la pulseada global por las reestructuraciones de deuda entre la banca internacional y el crítico Nobel de economía Joseph Stiglitz, mentor de Guzmán. También señala el error de Fernández de pedirle a su par mexicano, Andrés Manuel López Obrador, de tensa relación con el empresariado, para que intermediara ante el CEO de BlackRock, Larry Fink, por la deuda argentina.

Latam. Para los empresarios, la salida de Latam estaba bastante anunciada, dado los históricos enfrentamientos que la compañía había mantenido con funcionarios de La Cámpora en el gobierno de Cristina Kirchner y sobre todo ante la crisis mundial de las líneas aéreas. “Que se vaya Latam es una lástima y es un error de Alberto por omisión”, advierten quienes sostienen que no hizo nada para evitar su partida. Otros concluyen que el caso demuestra el poder sindical y amenaza con dejar a Aerolíneas con un monopolio. Están los que advierten que lo más grave es que se pierden 1.700 empleos.

Ante el cúmulo de conflictos, un asesor de empresas observa que el Presidente se encuentra en la peor etapa de sus siete meses de gobierno “y no puede poner el freno de mano”. “Comete dos errores de (Mauricio) Macri: querer fortalecerse ante Cristina y no tener un ministro de Economía que mande”, evalúa.

Pospandemia. En el empresariado coinciden en general que faltan señales concretas sobre cómo Fernández planea poner en marcha la economía. Recelan que apueste tanto al impulso público, incluidas las obras, y no al sector privado. “Para arrancar, necesitás el aparato productivo marchando”, sostiene un alto dirigente de la UIA.

El establishment repite que falta un plan económico. “Hay que ver cómo queda el país después de esto, si perdemos el último vagón hacia la modernidad”, opina uno de los máximos ejecutivos de uno de los principales grupos empresarios del país. “Toman medidas que, en lugar de unir, rompen. Deberían convocar a encontrarnos a todos en el consenso, más que en el disenso. Este es un país con un enorme potencial para generar riqueza en el campo, la industria, la energía y la minería, pero no podés construir riqueza sin consenso”, agrega y repite, al igual que muchos de sus pares, que “la Argentina está contra los ricos”. “Acá hay políticos y gremialistas que recelan de los que generan riqueza”, concluye y reclama que el Gobierno convoque a los sectores para ver cómo ayudarlos a crecer en los próximos diez años.

“Si esto no cambia, se estrella mal”, alerta un banquero que hace cinco años se equivocó al confiar ciegamente en Macri. Cita al economista Juan Carlos de Pablo, que advirtió que se acabó la confianza en Fernández, y le pide al Presidente que la reconstruya. “No basta con que vaya para atrás con Vicentin. Todas las decisiones terminan siendo malas”, aduce. ¿Entonces cómo puede el jefe de Estado recuperar la credibilidad del establishment? “Generando un acuerdo político, eliminando los extremos, de un lado y del otro de la grieta, rodéandose de buena gente, no con el equipo de cuarta que tiene”, agrega el mismo banquero que hace cinco años se ilusionaba con el supuesto mejor gabinete de los últimos 50 años. O sea, parece claro el problema, pero no la solución.

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